Las escuelas realizan bingos, rifas, actividades culturales o deportivas, o le cobran una cuota a los alumnos por asistir un día a clases sin uniforme, con tal de recaudar dinero y así proporcionar alimentos a sus estudiantes.
El aporte que el Ministerio de Educación Pública (MEP) les da es insuficiente para cubrir los costos de la comida, o para pagarles a las cocineras sus cargas sociales y pólizas de seguro.
La cuota diaria para alimentación por estudiante es de ¢210 y, para las escuelas unidocentes o las ubicadas en zonas indígenas, ese monto es de ¢300.
Con ese dinero, el centro educativo debe cubrir un menú que incluye una comida caliente básica, con una dieta balanceada, y un refrigerio que, por lo general, consiste en alguna fruta.
Las escuelas tratan de que el menú incluya ensalada, arroz, frijoles, verduras y alguna carne, pero eso es imposible cubrirlo con el aporte del MEP.